Jeb Corliss wing-suit demo from Jeb Corliss on Vimeo.
domingo, 3 de octubre de 2010
miércoles, 22 de septiembre de 2010
La Nouvelle Calédonie, Nueva Caledonia para nosotros
Nueva Caledonia es la segunda mayor isla del pacífico sur después de Nueva Zelanda, y nuestro posterior destino tras Fidji. El rumbo al oeste nos alegra con vientos portantes, aunque lo cierto es que para lo que los aprovechamos, en lo único que nos beneficia es en no tener la ola de proa.
Junto a la “Grande terre”, la isla mayor, el pequeño archipiélago de las islas de la Lealtad conforma todo su territorio.
La Grande terre o isla mayor está rodeada de un anillo de coral que forma un verdadero e inmenso mar interior, haciendo que la navegación en sus aguas sea de un confort verdadero
Se trata un de territorio francés TOM (territoire d’outre mer) que como Polinesia francesa, goza del apoyo financiero, administrativo y militar de la metrópoli, pero cuyos estatus son diferentes de los DOM (Departement d’outre mer, p ej. Guadalupe, Martinica), donde se aplican los de la metrópli, y son una provincia más del país.
Con más claridad, Nueva Caledonia es en realidad, y como ellos, los galos, la definen, una colectividad sui generis, a la espera de un referéndum en el año 2014 para lograr la autodeterminación, cosa que por otro lado no desean en el fondo, para poder así perpetuar su cómodo estatus económico puesto que sería posiblemente una involución en su desarrollo. En el fondo la metrópoli es la metrópoli y su ayuda muy estimable.
Un clásico de Nueva Caledonia. Para los amantes snob de lo espectacular, los vuelos en helicóptero para sobrevolarlo son corrientes
Está habitada por aproximadamente la mitad de población blanca francesa emigrada y el resto los nativos locales o Kanac, pertenecientes a la rama melanesia de oceanía, junto a una pequeña proporción de asiáticos.
De una riqueza antropológica inmensa, su geografía reúne 28 lenguas indígenas habladas y reconocidas, además del francés como lengua oficial. Pero no es un destino turístico reconocido. Ni tampoco náutico, a pesar de los indudables atractivos del país.
Ochenta mil turistas al año en una superficie de casi 20.000 kilómetros cuadrados, harían reír a los hoteleros mallorquines, pero logra que los locales sientan el orgullo de no necesitar esta industria para subsistir. Bueno, mejor dicho, los franceses blancos como clase dominante, ya que desde hace más de un siglo explotan salvajemente las inmensas reservas de níquel que acaudala el país y que sustenta su economía.
Estas preciosas flores llegan todas las mañanas al barco arrastradas por la corriente. Tradicionalmente el fruto de este árbol diluido en el agua era utilizado por los kanacs como narcótico para adormecer el pescado y tener capturas fáciles
No obstante un clima algo más frío que el que encontramos en los archipiélagos de los países de latitud más norte y sus precios europeos no invitan a cambiar la ilusión de conocer esos países de nombres tan exóticos como Fidji, Samoa, Tonga, en lugar de Nueva Caledonia.
Pero nosotros estamos ahora aquí y vamos a ver lo que encontramos que colme el hedonismo de nuestro benefactor económico.
Noumea es la capital del país, que totalmente occidentalizada, reúne a la mitad de la población del país, unos 200.000 individuos. Polígonos industriales, bares de moda y edificios de diez plantas contrastan con las zonas más desfavorecidas, que son, por lo que veo viendo en este periplo, y en diferentes países, siempre las mismas de los nativos. Incapaces de subirse al tren del desarrollo que les han montado delante de sus narices, subsisten en la ciudad casi en guetos que el gobierno intenta no promocionar con políticas de integración.
La verdad es que me esperaba algo más exótico de este país, pero la capital es como cualquier ciudad ribereña mediterránea francesa.
Nuestra estancia en Noumea fue atractiva para sus habitantes, ya que tras aparecer el barco en el periódico local como visitante inusual y de bella estampa, decía, el pequeño club náutico en el que estábamos fue visitado por un continuo reguero humano (blanco) de curiosos. Una vez llegó el jefe, nuestra permanencia en el país fue solamente de tres semanas siguiendo esta vuelta al mundo exprés. Pero aún así y todo aprovechamos el conocer un trópico (por los pelos, latitud 22º 45’ sur) diferente al que conocíamos.
Un faro de dimensiones extraordinarias para estar en medio del pacífico. Siete plantas de altura. Isla de Amedée, cerca de Noumea, la capital
Un despiste del jefe con la marea le obligó a no tener dinghy durante unas horas
El agua es refrescada por las corrientes frías provenientes de la Antártida, y al sur del país, su temperatura nunca nos subió de 24 grados (brrrr, frrrría!!) . La temperatura del aire nos obligaba a llevar una chaquetilla cuando no lucía el sol o el viento era constante. Sí, ya sé que estamos en el invierno austral, pero no es lo que esperábamos.
Lo cierto es que poco conocimos de este país, ya que no navegamos gran cosa, poca integración local, y quizás lo más reseñable fue que coincidió nuestra estancia con la semifinal y final del campeonato mundial de fútbol, y parece mentira el apoyo que nos brindaban y posterior alegría.
Una pena las prisa por abandonar este otro bonito lugar del planeta.
Otro fondeo clásico, la isla de los pinos, bautizada por el capitán James Cook en su segunda vuelta al mundo, una antigua colonia penal. A Nueva Caledonia fueron trasladados hasta 20.000 convictos franceses el ultimo cuarto de siglo diecinueve
Y no es por otro motivo que por la gran cantidad de esta variedad de conífera, el pino columnario, que llega a medir hasta cuarenta metros de altura, dándole a esta tierra un perfil característico que no encontramos en otro país del pacífico. La variedad de flora del país es impresionante, pero este árbol es emblemático.
Junto a la “Grande terre”, la isla mayor, el pequeño archipiélago de las islas de la Lealtad conforma todo su territorio.
La Grande terre o isla mayor está rodeada de un anillo de coral que forma un verdadero e inmenso mar interior, haciendo que la navegación en sus aguas sea de un confort verdaderoSe trata un de territorio francés TOM (territoire d’outre mer) que como Polinesia francesa, goza del apoyo financiero, administrativo y militar de la metrópoli, pero cuyos estatus son diferentes de los DOM (Departement d’outre mer, p ej. Guadalupe, Martinica), donde se aplican los de la metrópli, y son una provincia más del país.
Con más claridad, Nueva Caledonia es en realidad, y como ellos, los galos, la definen, una colectividad sui generis, a la espera de un referéndum en el año 2014 para lograr la autodeterminación, cosa que por otro lado no desean en el fondo, para poder así perpetuar su cómodo estatus económico puesto que sería posiblemente una involución en su desarrollo. En el fondo la metrópoli es la metrópoli y su ayuda muy estimable.
Un clásico de Nueva Caledonia. Para los amantes snob de lo espectacular, los vuelos en helicóptero para sobrevolarlo son corrientesEstá habitada por aproximadamente la mitad de población blanca francesa emigrada y el resto los nativos locales o Kanac, pertenecientes a la rama melanesia de oceanía, junto a una pequeña proporción de asiáticos.
De una riqueza antropológica inmensa, su geografía reúne 28 lenguas indígenas habladas y reconocidas, además del francés como lengua oficial. Pero no es un destino turístico reconocido. Ni tampoco náutico, a pesar de los indudables atractivos del país.
Ochenta mil turistas al año en una superficie de casi 20.000 kilómetros cuadrados, harían reír a los hoteleros mallorquines, pero logra que los locales sientan el orgullo de no necesitar esta industria para subsistir. Bueno, mejor dicho, los franceses blancos como clase dominante, ya que desde hace más de un siglo explotan salvajemente las inmensas reservas de níquel que acaudala el país y que sustenta su economía.
Estas preciosas flores llegan todas las mañanas al barco arrastradas por la corriente. Tradicionalmente el fruto de este árbol diluido en el agua era utilizado por los kanacs como narcótico para adormecer el pescado y tener capturas fácilesNo obstante un clima algo más frío que el que encontramos en los archipiélagos de los países de latitud más norte y sus precios europeos no invitan a cambiar la ilusión de conocer esos países de nombres tan exóticos como Fidji, Samoa, Tonga, en lugar de Nueva Caledonia.
Pero nosotros estamos ahora aquí y vamos a ver lo que encontramos que colme el hedonismo de nuestro benefactor económico.
Noumea es la capital del país, que totalmente occidentalizada, reúne a la mitad de la población del país, unos 200.000 individuos. Polígonos industriales, bares de moda y edificios de diez plantas contrastan con las zonas más desfavorecidas, que son, por lo que veo viendo en este periplo, y en diferentes países, siempre las mismas de los nativos. Incapaces de subirse al tren del desarrollo que les han montado delante de sus narices, subsisten en la ciudad casi en guetos que el gobierno intenta no promocionar con políticas de integración.
La verdad es que me esperaba algo más exótico de este país, pero la capital es como cualquier ciudad ribereña mediterránea francesa.Nuestra estancia en Noumea fue atractiva para sus habitantes, ya que tras aparecer el barco en el periódico local como visitante inusual y de bella estampa, decía, el pequeño club náutico en el que estábamos fue visitado por un continuo reguero humano (blanco) de curiosos. Una vez llegó el jefe, nuestra permanencia en el país fue solamente de tres semanas siguiendo esta vuelta al mundo exprés. Pero aún así y todo aprovechamos el conocer un trópico (por los pelos, latitud 22º 45’ sur) diferente al que conocíamos.
Un despiste del jefe con la marea le obligó a no tener dinghy durante unas horasEl agua es refrescada por las corrientes frías provenientes de la Antártida, y al sur del país, su temperatura nunca nos subió de 24 grados (brrrr, frrrría!!) . La temperatura del aire nos obligaba a llevar una chaquetilla cuando no lucía el sol o el viento era constante. Sí, ya sé que estamos en el invierno austral, pero no es lo que esperábamos.
Lo cierto es que poco conocimos de este país, ya que no navegamos gran cosa, poca integración local, y quizás lo más reseñable fue que coincidió nuestra estancia con la semifinal y final del campeonato mundial de fútbol, y parece mentira el apoyo que nos brindaban y posterior alegría.
Una pena las prisa por abandonar este otro bonito lugar del planeta.
Y no es por otro motivo que por la gran cantidad de esta variedad de conífera, el pino columnario, que llega a medir hasta cuarenta metros de altura, dándole a esta tierra un perfil característico que no encontramos en otro país del pacífico. La variedad de flora del país es impresionante, pero este árbol es emblemático.
viernes, 17 de septiembre de 2010
La ceremonia del Kava
Un rito ancestral común a muchos países del pacífico sur y que hoy en día reviste la misma importancia en actos sociales es la ceremonia del Kava o Yaquona. El Kava es una bebida ritual hecha con las raíces secas de la planta de la pimienta (Piper methyscum) que a modo de brevaje se ingiere en todo tipo de acontecimientos sociales, bodas, funerales, visitas, negocios etc. En Vanuatu se planta una variedad de esta planta desde hace más de tres mil años, lo que nos da la medida de lo que representa en su cultura. En nuestro caso, cada vez que fondeamos en cualquier lugar, el protocolo exige visitar al jefe de la tribu, poblado, o isla, con nuestro kava mostrándole nuestros respetos y solícitos, demanadar el permiso de permanecer en sus aguas, a lo que siempre accedn igualmente agradecidos por compartir su espacio.
Nos tocó comprar uns buena cantidad de raiz seca que ibamos ofreciendo a medida que avanzaba nuestra navegación por estas aguas. Aquí se ve lo que ofrecíamos cada vez que desembarcábamos en un sitio nuevo
La raiz se muele y diluida en agua se consume en cuencos normalmente hechos con cocos. De un sabor impenetrable y repulsivo, como si bebieras ciertamente agua de charco sucio, y de un color igualmente turbio, deja un extraño regusto de regaliz picante podrido y tierra mojada. La reacción del cuerpo es normalmente arcadas de vómito, pero al tratarse de un acto en sociedad en el que principalmente el agradecimiento es el nexo de comunión, has de procurar contraer el semblante de la natural muesca de desaprobación al sabor y enfundar la mejor cara para decir ...mmmmm, nice!
Aunque forme parte del folklore y los turistas de los resorts (en la imagen) conozcan la cara menos auténtica de la cultura, está tan arraigado como el respirar
La ceremonia es diferente en cada país, y con diferentes connotaciones, pero en lineas generales el jefe prepara el brebaje y tras recitar un monólogo del que no tienes la más remota idea de por dónde va, da unas palmadas antes de beberlo y luego lo ofrece con sus dos manos a sus visitantes. Estos después de beber han de dar palmadas igualmente y pasar el cuenco, que rule.
El ya no incipente turismo que visita estos archipiélagos del pacífico sur conoce igualmente el kava puesto que se ofrece como folklore junto a las danzas tradicionales, y es otra actividad incluída en el paquete de vacaciones.
Fotografías viejas en postales muestran la naturalidad y constancia de la tradición
En Vanuatu la ceremonia es menos protocolaria y más práctica. De hecho, son numerosos los locales (Nakamals en su lengua) en los que a modo de bares puedes beber kava por un pequeño desembolso, y donde los nativos acuden diariamente a por unos traguitos. En este país beben otra variedad de la planta pero consumida verde en lugar de seca, y sus efectos son más intensos.
Lo curioso del kava es que tiene un poderoso efecto narcótico más que alcohólico. Casi instantáneamente a su ingesta, labios y lengua quedan anestesiados como si el dentista te hubiera rociado con novocaína. Después de beber varios cuencos, no eres capaz de levantar los brazos o caminar. Kava es pura relajación, no deja resaca, no despierta la agresividad, la mente permanece clara y sin alucinaciones. Es la alternativa al alcohol occidental, pero con un profundo sentido cultural. Los jóvenes no lo toman hasta su emancipación, como ceremonia de iniciación a la vida adulta.
Una ceremonia como las que tuvimos ocasión de disfrutar
Ni que decir tiene que los misionerso, en su afán de “mejorar” la vida física y espiritual de los nativos, desaconsejó, y hasta llegó a prohibir su toma.
En mi caso yo sólo lo probé una vez en un pequeño oasis de paz, una noche en Vanuatu, y tras tomar cuatro conchas, unos cuatrocientos centilitros calculo, el descomunal ciego controlado que llevaba sirvió de entretenimiento al resto de la tripulación mientras jaleaban mis grandes éxitos en karaoke endulzados por la fina armonia de la guitarra del maquinista del barco, y cómo no, para mi vergüenza, la grabación de los acústicos de la noche es motivo de chantaje contínuo.
En fin, que si visitáis cualquier país de la zona, obligada parada a la degustación del kava, recuerdos garantizados.
La raiz se muele y diluida en agua se consume en cuencos normalmente hechos con cocos. De un sabor impenetrable y repulsivo, como si bebieras ciertamente agua de charco sucio, y de un color igualmente turbio, deja un extraño regusto de regaliz picante podrido y tierra mojada. La reacción del cuerpo es normalmente arcadas de vómito, pero al tratarse de un acto en sociedad en el que principalmente el agradecimiento es el nexo de comunión, has de procurar contraer el semblante de la natural muesca de desaprobación al sabor y enfundar la mejor cara para decir ...mmmmm, nice!
Aunque forme parte del folklore y los turistas de los resorts (en la imagen) conozcan la cara menos auténtica de la cultura, está tan arraigado como el respirarLa ceremonia es diferente en cada país, y con diferentes connotaciones, pero en lineas generales el jefe prepara el brebaje y tras recitar un monólogo del que no tienes la más remota idea de por dónde va, da unas palmadas antes de beberlo y luego lo ofrece con sus dos manos a sus visitantes. Estos después de beber han de dar palmadas igualmente y pasar el cuenco, que rule.
El ya no incipente turismo que visita estos archipiélagos del pacífico sur conoce igualmente el kava puesto que se ofrece como folklore junto a las danzas tradicionales, y es otra actividad incluída en el paquete de vacaciones.
Fotografías viejas en postales muestran la naturalidad y constancia de la tradiciónEn Vanuatu la ceremonia es menos protocolaria y más práctica. De hecho, son numerosos los locales (Nakamals en su lengua) en los que a modo de bares puedes beber kava por un pequeño desembolso, y donde los nativos acuden diariamente a por unos traguitos. En este país beben otra variedad de la planta pero consumida verde en lugar de seca, y sus efectos son más intensos.
Lo curioso del kava es que tiene un poderoso efecto narcótico más que alcohólico. Casi instantáneamente a su ingesta, labios y lengua quedan anestesiados como si el dentista te hubiera rociado con novocaína. Después de beber varios cuencos, no eres capaz de levantar los brazos o caminar. Kava es pura relajación, no deja resaca, no despierta la agresividad, la mente permanece clara y sin alucinaciones. Es la alternativa al alcohol occidental, pero con un profundo sentido cultural. Los jóvenes no lo toman hasta su emancipación, como ceremonia de iniciación a la vida adulta.
Una ceremonia como las que tuvimos ocasión de disfrutar
Ni que decir tiene que los misionerso, en su afán de “mejorar” la vida física y espiritual de los nativos, desaconsejó, y hasta llegó a prohibir su toma.
En mi caso yo sólo lo probé una vez en un pequeño oasis de paz, una noche en Vanuatu, y tras tomar cuatro conchas, unos cuatrocientos centilitros calculo, el descomunal ciego controlado que llevaba sirvió de entretenimiento al resto de la tripulación mientras jaleaban mis grandes éxitos en karaoke endulzados por la fina armonia de la guitarra del maquinista del barco, y cómo no, para mi vergüenza, la grabación de los acústicos de la noche es motivo de chantaje contínuo.
En fin, que si visitáis cualquier país de la zona, obligada parada a la degustación del kava, recuerdos garantizados.
lunes, 30 de agosto de 2010
Policromías
Y aunque no es lo mismo, se parece:
El primer rayo de sol hizo su ingreso triunfal en aquél blanco océano de silencio. Lo que siguió pertenece más a la policromía de los sentimientos que a la de las cosas. Sin embargo, es cierto que las tintas cálidas del astro comenzaron a resbalar entre picos, paredes, crestas y canales creando un movimiento caleidoscópico de luces y contrastes. El cielo, intensamente azul, abrazaba con su inmensidad lejanías que cansaban la mirada. Las montañas se fundían y volvían a separarse sin razón aparente. Las hermosas crestas jugueteaban con sus propias sombras y rivalizaban en luminosidad con los neveros; los glaciares, abajo, parecían grandes lagos de luz encajados entre las cimas y convulsionados por sorprendentes laberintos de grietas. Era todo un alborozo de esplendores inviolados que la naturaleza me ofrecía con abandono y que nutría mi espíritu.
Walter Bonatti. Montañas de una vida
miércoles, 26 de mayo de 2010
Contratiempos
Aún habiendo evitado que se produjera, creo que más o menos todos hemos sufrido alguna enrocada inoportuna que nos ha hecho dar vueltas a nuestra inventiva para salir de la situación. Particularmente yo nunca había tenido más problemas que el invertir algo más de tiempo en salir del fondeo, tirando de un ángulo o de otro hasta lograr zafar el ancla, o buceando para manualmente acomodar el ancla y levarla sin mayores problemas.
Pero esta vez... cielos, cómo se trabó! En una fondo inmaculado de arena, una sola piedra, bueno, un gran monolito aislado, varios borneos, algo de viento, y... problema al canto.
Después de mucho trabajo a 25 metros de profundidad sin lograr nada, absolutamente nada, la solución fue la más dramática.
Lo cierto es que ni a venticinco metros de profundidad ni apenas en la superficie la visibilidad era buena. Seguir la cadena hasta encontrar el escollo fue lo que hicimos
A pesar de la fuerte corriente en superficie, en el fondo se estaba cómodo como para valorar la situación
Pero la situación no era alentadora. Parecía más bien como si el gran bloque aislado hubiera engullido la cadena entera
En total unos diez metros de cadena había quedado sepultados bajo el gran bloque que parecóa más haberse roto por las tracciones del barco sobre la cadena, que un lío de borneos descontrolados
Lo cierto es que a pesar de que invertimos varias horas bajo el agua intentando hacer algo, no hubo manera de manejar los quinientos kilos del ancla y los noventa o cien metros aproximados que largamos de cadena.
Y la solución más salvaje fue la única que nos permitió recuperar ancla y cadena, perdiendo tan sólo los diez metros engullidos
Y a pesar de que podría haber resultado un trabajo desalentador cortar el cadenón bajo el agua, fue sorprendentemente fácil y rápido
Y por supuesto teniendo cuidado del latigazo final del eslabón al descargar la fuerza de tracción.
Y a pesar de que levar la cadena no fue fácil y nos requirió tiempo y esfuerzo, una ligada de varias vueltas de dyneema de 11 mm nos solventó el problema. Pero siempre con la duda de si resistiría tanto peso
Afortunadamente se comportó como otro eslabón más
Pero esta vez... cielos, cómo se trabó! En una fondo inmaculado de arena, una sola piedra, bueno, un gran monolito aislado, varios borneos, algo de viento, y... problema al canto.
Después de mucho trabajo a 25 metros de profundidad sin lograr nada, absolutamente nada, la solución fue la más dramática.
Y a pesar de que levar la cadena no fue fácil y nos requirió tiempo y esfuerzo, una ligada de varias vueltas de dyneema de 11 mm nos solventó el problema. Pero siempre con la duda de si resistiría tanto peso
Afortunadamente se comportó como otro eslabón más
lunes, 17 de mayo de 2010
Fidji islands
Un basto archipiélago como para dedicarle algunos años de vidaBula.
Así decimos hola en fidjiano, un hola local común a los dialectos nativos, aunque el inglés es lengua oficial e hindustaní y urdu las más extendidos.
Fidji es un gran archipiélago que dista mil doscientas millas rumbo norte de Nueva Zelanda, situado entre los paralelos 20 º y 16 º sur, aguas pues tropicales, cuya temperatura es hoy de 29 grados. Es el extremo sur de la zona geográfica denominada Melanesia Lo forman alrededor de trescientas treinta islas de las que sólo un tercio están habitadas, y dos de ellas son verdaderamente grandes, Viti-Levu y Vanua –Levu, de unos ciento cincuenta kilómetros de largo por otros tantos de ancho, rodeadas de un verdadero laberinto coralino y miríadas de islotes, atolones e islas menores que hacen de la navegación trabajo de continua atención.
Es un destino turístico de primer orden, y junto a la industria azucarera suponen los mayores ingresos. Independiente desde 1970 como colonia inglesa, es relativamente grande en superficie y sorprende la enorme población que tiene; en el año 2004 un censo fiable de habitantes hablaba de 840 mil habitantes. A pesar de que actualmente el régimen político es una dictadura militar desde el golpe de estado de 2006, ya han sido varios los residentes occidentales con quien nos hemos encontrado en el país seducidos por la tranquilidad de sus vidas aquí y la facilidad de relación y permanencia que les ofrece, con lo que viviendo a un ritmo interior ralentizado, han afincado su existencia en este rincón del planeta.
Hay una gran mayoría étnica hindú mezclada con poder blanco y nativos considerados entre la gente más amable de este planeta, a pesar de que el canibalismo fue una práctica extendida en su cultura y de la que afortunadamente no queda más que su historia. De hecho, sus sonrisas son amplias y limpias, y aunque no carentes de interés, sinceras, y eso teniendo en cuenta que es considerado un país del tercer en muchos aspectos por una amplia economía de subsistencia que contrasta con el hecho de ser el país más desarrollado del Pacífico.
Pero a pesar de que la navegación en sus aguas es tranquila e interesante, el hecho de moverse con un barco de estas características hace que esta experiencia tenga un perfil sesgado respecto a la realidad. Me explico. Muchos de vosotros y yo el primero, intentaríamos conocer la cultura local más alejada de nuestra influencia occidental, nutrirnos de variedad, exotismo, y sin embargo, lo que encontramos continuamente son resorts donde nuestro amado jefe puede tomar un spa y recibir masajes de aúpa sin haber perdido la buena cobertura de móvil ni un solo día de las tres semanas que llevamos navegando por estas aguas y las muchas millas navegadas. En fin, menos mal que existen las diferencias que nos hacen a todos únicos e inexplicables.
Me doy cuenta de que conozco parte de este planeta, y disfruto de él, pero poco sus mecanismos internos. Aún así y todo estoy agradecido a moverme por estos lugares conociendo tímidamente lo que en realidad puede dar de sí.
Una de sus riquezas, y la que nos ciñe más directamente al hecho de estar aquí, es su geografía submarina. Corales de ensueño, fauna abundante, aguas cálidas y paz, mucha paz. Vemos barcos con extraña frecuencia, y siempre trotamundos alejados de convencionalismos o programas ajustados de tiempo comparados con nosotros. La superficie marina y terrestre que abarca este país, da como para quedarse varios años ralentizando el ritmo vital dada la abundancia de rincones por conocer. Ni imaginarme lo que podría representar aquí la invasión barquera que sufre el Mediterráneo.
El ciclón Tomás causó daño, mucho daño, pero al parecer no más de a lo que estas gentes están acostumbradas. En la isla de Taveuni, el lugar donde más fuertemente azotó el ciclón, los locales nos comentaban que fue especialmente duro ya que los vientos superaron los ciento cuarenta nudos y duró la friolera de tres días, mientras que la media de tiempo que han durado anteriores, e incluso duros, no pasó de horas de máxima intensidad. El resultado fue devastación general, ninguna fruta en los árboles, vegetales en huertos, bosques parcialmente arrancados y ninguna víctima. La vida sigue para estos habitantes ya acostumbrados a convivir con algo contra lo que poco se puede hacer.
Aspecto de Tomás en plena acción y otro ciclón más que crecía por Nueva Caledonia y no llegó a impactar en las asoladas islasdomingo, 14 de marzo de 2010
Bye bye Nueva Zelanda
Si parece que fue ayer cuando llegamos a Auckland, y han pasado ya seis meses de vida terrestre! Con la velocidad del rayo desapareció el perfil de la ciudad dejando tras de mí un buen montón de buenos recuerdos, lugares y experiencias.
Viajar no es sólo amontonar sensaciones y recuerdos en las estanterías de nuestra memoria, si no que también dejamos algo de nosotros en todos los sitios que alcanzamos. En algunos lugares la relación puede ser superficial, y el cariño y amor que proyectamos no deja apenas mella, señal de que el intercambio no fue completo. Sin embargo otros lugares nos seducen por diversas razones. Sus gentes, experiencias vividas, o la belleza o particularidad del sitio, nos provoca que parte de nosotros mismos quede enganchada a éste de modo definitivo. A mi me ha pasado aquí de un modo muy intenso. Me siento en estrecha unión con muchas de las cosas que he vivido estos meses y especialmente de la relación humana que me relaciona con su gente. Y siendo más claro, con alguien en particuar.
Pero la vida sigue, y aunque a veces sea doloroso aceptarlo, es el mismo cambio lo que nos sustenta y da energías para proseguir nuestra pequeña lucha diaria en este bello planeta. Nuestra contradicciones quizás no sean más que el reflejo de los cambios que suceden a nuestro alrededor, con lo que demos la bienvenida a lo nuevo y tomemos la rutina de nuestras vidas como refugio donde volver siempre.
Nuestro destino es Fidji, desde donde escribo ahora mismo. Un error de agenda hizo que estuviéramos a punto de dejar Nueva Zelanda cuando la temporada de ciclones aún no había concluido, y se abortó la fecha de zarpe con la sólida excusa de que el ciclón Tomas estaba sacudiendo el archipiélago con la mayor intensidad de todos los ciclones en los ultimos veinte años y a su vez otro nuevo ciclón nacido en Nueva Caledonia reforzaba la consistente tesis de postergar la salida.
Las imágenes que siguen son unas pocas fotografías de Nueva Zelanda, que sin ser un compendio de estos meses allí, dan una idea de lo que viví.
La casa en la que viví y algunos de sus habitantes. Me descargaba del hecho de compartir venticuatro horas al día con mis compañeros el barco. Ya es suficiente con la obligación de hacerlo navegando.
Un bello vecino de pantalán, el Shenandoa. Barcos lugares y personas se encuentran por todo el mundo. Este lo he visto en mar del Plata, Mallorca y Auckland. Where next?
Las playas de la península de Coromandel oeste. Plácidos guijarros solitarios
Cabo norte de Coromandel, dan ganas de ponerse a andar, verdad?
Y creedme que las fotos no reflejan la belleza y paz del lugar
Kilómetros inacabables de pistas junto a líneas dibujadas con gusto
El monte Taranaki, en New Plymouth,un bello monolito volcánico que se eleva hasta 2500 metros desde la costa. Un objetivo que llama poderosamente a la ascensión. desgraciadamente cuenta con el negro record de muertes en montaña. El frecuente cambio súbito de tiempo hace de la plácida excursión, una trampa para personas no preparadas
Bello desde todos los ángulos, éste y su entorno
Y la cima no es para menos. Ya los colores del cielo cambian de tono. Se nota la altura
Las playas de la costa oeste de Auckland, salvajes, son susceptibles a la agitada vida sísmica del pacífico, y es frecuente ver advertencias de vías de escape de tsunamis.
Cathedral cave, sinuosas erosiones en la costa este de la península de Coromandel
Y sus surroundings, más lugares donde dejar la mochila y ponerse a tirar piedras al agua
Arthur's pass en la isla sur nos ofrece un sinfín de excursiones alpinas donde el agua es el elemente predominante en estas bonitas montañas
Los colores de las tardes ya son los de alta montaña; sombras alargadas, añiles y naranjas imposibles decoran estos escenarios tocados por una rica paleta de sensaciones
Si es que dan ganas d eponerse a hacer el tonto
Un kya, ave tan protegida como descarada, se nutre de los restos de nuestra presencia
Agua y más agua. La diferencia de nivel de este lecho es de sólo seis horas de lluvia
Estos abiertos valles alpinos recogen tanta agua que asusta
Viajar no es sólo amontonar sensaciones y recuerdos en las estanterías de nuestra memoria, si no que también dejamos algo de nosotros en todos los sitios que alcanzamos. En algunos lugares la relación puede ser superficial, y el cariño y amor que proyectamos no deja apenas mella, señal de que el intercambio no fue completo. Sin embargo otros lugares nos seducen por diversas razones. Sus gentes, experiencias vividas, o la belleza o particularidad del sitio, nos provoca que parte de nosotros mismos quede enganchada a éste de modo definitivo. A mi me ha pasado aquí de un modo muy intenso. Me siento en estrecha unión con muchas de las cosas que he vivido estos meses y especialmente de la relación humana que me relaciona con su gente. Y siendo más claro, con alguien en particuar.
Pero la vida sigue, y aunque a veces sea doloroso aceptarlo, es el mismo cambio lo que nos sustenta y da energías para proseguir nuestra pequeña lucha diaria en este bello planeta. Nuestra contradicciones quizás no sean más que el reflejo de los cambios que suceden a nuestro alrededor, con lo que demos la bienvenida a lo nuevo y tomemos la rutina de nuestras vidas como refugio donde volver siempre.
Nuestro destino es Fidji, desde donde escribo ahora mismo. Un error de agenda hizo que estuviéramos a punto de dejar Nueva Zelanda cuando la temporada de ciclones aún no había concluido, y se abortó la fecha de zarpe con la sólida excusa de que el ciclón Tomas estaba sacudiendo el archipiélago con la mayor intensidad de todos los ciclones en los ultimos veinte años y a su vez otro nuevo ciclón nacido en Nueva Caledonia reforzaba la consistente tesis de postergar la salida.
Las imágenes que siguen son unas pocas fotografías de Nueva Zelanda, que sin ser un compendio de estos meses allí, dan una idea de lo que viví.
Las playas de la costa oeste de Auckland, salvajes, son susceptibles a la agitada vida sísmica del pacífico, y es frecuente ver advertencias de vías de escape de tsunamis.
Arthur's pass en la isla sur nos ofrece un sinfín de excursiones alpinas donde el agua es el elemente predominante en estas bonitas montañas
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